Por Miguel Aguilar
De «la mujer de fuego», Ninón Sevilla, quien fué Reina del Carnaval de Veracruz en los años cincuenta, a la mujer que se “fumó” las fiestas carnestolendas, Yeri Mua: «la que trae los chacales por detrás» y los ojos de todo el estado al frente. La influencer y cantante mexicana fue, sin duda, el episodio más vergonzoso del Carnaval 2026 de Veracruz, nomás hay que comparar con épocas donde el protagonismo recaía en figuras que entendían el peso histórico y cultural de portar la corona.
La mención no es gratuita. Ninón representó una etapa en la que el carnaval se vinculaba con disciplina artística, glamour y espectáculo profesional; una época donde la corona no solo era ornamento, sino responsabilidad simbólica frente a una tradición centenaria. El contraste no es generacional, es cultural: del arte que encendía escenarios al humo que opacó reflectores.
Las llamadas “fiestas de la alegría” dejaron ver más que alegría: desorganización en gradas, descontrol en horarios, falta de comunicación entre instancias y un ambiente que por momentos se salió de las manos.
Cobros excesivos por parte de particulares, interrupciones en desfiles por colados y riñas, y ni hablar del consumo de sustancias que terminó por desdibujar el carácter familiar que tanto se presume.
El momento más incómodo llegó el 14 de febrero en el “Reggaetón Mexa”. Al cierre apareció Yeri Cruz Varela, exreina del carnaval y ahora reina del escándalo. Sus canciones el público nomás no las compró: largas filas para salir y claros vacíos frente al escenario lo dijeron todo.
En el afán de no perder reflectores, vino el “numerito”: fumar un cigarro de presunta marihuana frente a asistentes donde todavía había familias con menores de edad. Eso sí, pidiendo permiso a las autoridades presentes y amparada en el poder que da el micrófono.
La escena se transmitía para miles desde plataformas oficiales vinculadas a la gobernadora Rocío Nahle García.
No era cualquier edición. El carnaval regresaba a sus fechas tradicionales, las que anteceden al Miércoles de Ceniza, y eso generaba ilusión renovada.
En lo político también había expectativa: mismo partido en el estado y en el municipio, con Hernández Espejo al frente. Se esperaba coordinación fina, no botones de emergencia ni tener que sacar a la “gober” a desfilar entre carros alegóricos para levantar el ánimo.
Porque podrán venir más festivales, más escenarios y más intereses de temporada, pero ninguno tiene el arraigo histórico y cultural del Carnaval de Veracruz.
Por eso no puede organizarse a medias ni confiarse al “ahí se va”.
Afortunadamente, la Quema del Mal Humor y el cierre en el Zócalo cumplieron. En lo artístico hubo quien sí estuvo a la altura: Nelson Kanzela con su ritmo infaltable; Christian Nodal con convocatoria sólida; Chiquito Team Band poniendo sabor; y Mon Laferte, quien literalmente rescató el ánimo con un concierto que sí conectó.
Vendrán los números, los récords “millonarios” y las conferencias donde todo salió perfecto. Pero la percepción ciudadana no se maquilla tan fácil.
Parece que nomás no le salen estos eventos de gran convocatoria a este gobierno. Y seguro no faltarán los jalones de greña internos, como ya pasó tras la desastrosa Cumbre Tajín o el homenaje improvisado del Salsa Fest que terminó en multas millonarias.
El Carnaval de Veracruz merece más que sobrevivir al escándalo.
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